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De la infancia y de los primeros héroes que pinto
De niño su tía Cuca, Refugio Valadez, hermana de su madre, lo estimuló mucho. En cierta ocasión que enfermó, le regaló unas acuarelas con las pastillas de color pegadas en una paleta de cartón. Con eso empezó a pintar, ella decía: "Este muchacho va a ser pintor".
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Su madre también captó la inclinación por la pintura y siempre lo apoyó
Le compraba el material y le pagaba clases en Guadalajara con José Vizcarra, quien no quería cobrar porque decía: "posiblemente sea éste tu destino, ven a mi taller, voy a darte clases de dibujo y de pintura. No es necesario que me paguen".
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Su padre, le apoyó pero decía
"Eso tómalo como pasatiempo, dedícate a otra cosa".
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De la Revolución
De los recuerdos de la Revolución que conservaba su padre, tomó la fotografía de Venustiano Carranza y realizó un dibujo acuarelado a los cinco años.

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Zapata lo pintó por un anécdota
Su madre le contó que Zapata le perdonó la vida al abuelo, encuartelado en Cuautla. Le preguntaron cuál era su último deseo, a lo cual respondió: "una botella de coñac y hablar con el general Zapata", después de unos tragos y una elocuente exposición del abuelo, Zapata les perdonó la vida a él y a los que faltaban por fusilar, les hicieron "chisparse las botas, mientras les disparaban en los pies, descalzos y en ropa interior caminaron de Cuautla hasta México".

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Del Autoretrato
Diego Rivera en una reunión dominical con Chabela Marín, le comentó: "Tiene usted manos muy interesantes, hágase un autoretrato", pero no lo hizo porque Rivera lo sugiriera, si no porque en 1947 Fernando Gamboa organizó en Palacio de Bellas Artes una exposición de autoretratos de pintores mexicanos: coloniales y contemporáneos de los cuáles estaban Siqueiros, Rivera, Orozco y Tamayo. Cuando supe de la exposición preguntó el motivo por el cuÖl no le habían invitado a participar y entonces realizó en ocho días el autoretrato trabajando de 8 a 10 horas diarias…

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De la Espina
En 1952, realizó su primer viaje a París, Francia por una exposición de arte mexicano, con diferentes artistas que organizó el Instituto Nacional de Bellas Artes, para tener fondos para el viaje y poder promover la obra allá y a través de Jorge Juan Crespo de la Serna, crítico de arte, le recibieron el Secretario de Hacienda, Ramón Beteta quien en lugar de comprarle obra en el momento, le encargó un retrato a su regreso, pero de aquella cita salieron las relaciones con el director del Banco de México, Carlos Novoa y Antonio Carrillo de Nacional Financiera, de esos encuentros salieron los encargos de unos retratos de familia y se quedo La Espina en el Banco de México por diez mil pesos.

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De Diego Rivera, pintor
Cuando Diego pintaba en el piso superior de la Palacio Nacional la escena del Tianguis de Santiago Tlatelolco, con la panorámica de Tenochtitlán, el crítico e historiador de arte, Francisco Javier Hernández le preguntó: ØQuiénes son los artistas que pueden continuar el movimiento de la pintura mural mexicana? a lo que Diego contestó: "Frida Kahlo, Pablo O' Higgins y Raúl Anguiano". En otro contexto, afirmó que la disciplina del dibujo se estaba perdiendo en todas las academias del mundo, pero que entre los pintores mexicanos reconocˆa sólo a dos buenos dibujantes a Francisco Zuñiga y Raúl Anguiano.
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De José Clemente Orozco, pintor
Ante un encuentro casual en un transporte público, le dij§. "Usted además de pintar, habla y escribe… es mucho, a lo cual Anguiano asintió que trabajaba mucho, para lo que Orozco remato: "el arte es magia y el que no tiene magia esta perdido, me interesa su pintura".

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De Giorgio de Chirico, pintor
Italia fue el escenario de un encuentro entre grandes. Raúl Anguiano visitó al maestro Giorgio de Chirico en su departamento de Plaza España, donde charlaron sobre arte. Anguiano aprovechó para hacerle un retrato a mano, retrato que años después se vió en una exposición en Roma en 1975 para finalmente ser adquirido por un museo de Nápoles.

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De Salvador Dalí, pintor
En 1967, hubo una demostración de dibujo por Dalí en un hotel de París y para acceder a ella, Anguiano se hizo pasar por periodista mexicano y también hacía falta ser pintor pues después de una charla, los participantes debían empezar a dibujar a unas modelos. Anguiano en lugar de dibujar a las modelos lo dibujó a él, al finalizar le preguntó que le parecía el dibujo y asintió: "ÉAh muy bien, está muy bien!", - Sería tan amable de dedicarlo al periódico? porque lo voy a publicar— y en efecto lo dedicó de la siguiente forma "Un saludo para el periódico Novedades de México".

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De Carlos Pellicer, escritor y poeta
“Al entrar al gran estudio del maestro Anguiano, todo se puso en movimiento. De los cuadros surrealistas los tonos fríos fueron saliendo lentamente— Los colores de los retratos se saludaron con esa cortesía tan comprensible de las personas que no se conocen, y los desnudos femeninos amenazaron la tranquilidad de las mismas paredes. La mano que dibuja, mano maestra, organizó el orden que a veces destruye, y las líneas de los dibujos estuvieron de acuerdo en todo. El sentimiento que hay en esas líneas es el más noble y el más hermoso. Esas líneas se quedaron para siempre: El gran artista se robó a sí mismo cuanto pudo de color y tocando lo abstracto con la mano realizó una de sus creaciones más admirables. La palabra México figura en la lista de los socios activos de su talento. Yo confieso que esta cosa de la pintura la entiendo como hechicería, como de los sentidos que llamamos música….”

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De León Felipe, poeta
En 1938 en el primer viaje al extranjero, la Habana Cuba con dos exposiciones de pintura mexicana, conoció al poeta León Felipe en una conferencia y de regreso a México en el barco tuvo la ocurrencia de enseñarle unos poemas que había escrito y al leerlos le dijó: "mira Raúl, España esta empedrada de poetas como México de pintores, mejor dedícate a la pintura" y después le pidió que le ilustrará el poema que había leído en La Habana "El Pescador de Caña", editado por el Fondo de Cultura Económica.

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De la pintura, Raúl Anguiano
Que decía Anguiano si alguien quería aprender a pintar. Si no hay dibujo, no hay arte. Hay que saber dibujar, primero objetos simples, formas geométricas. Los que hacen collage, ambientaciones, pintura de acción o acontecimientos sin dibujo.
Pintor que no sabe dibujar no es pintor.

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De la mirada del niño, Brigita Anguiano
Una tarde visitando el Museo de Arte Moderno de México, me quedé sentada cerca del muy conocido óleo de Raúl Anguiano La Espina, desfilaron bastantes visitantes, parejas de novios tomados de las manos, amas de casa, todos disfrutando la tarde.
En un momento me llamó la atención una anciana sencilla con un niño de aproximadamente 7 años, que se detuvo frente a la obra, me parecía interesante haberme acercado a escuchar lo que la abuela decía, pero temí interrumpir la intensa mirada del niño. El no quitaba sus ojos de la pintura: ØQue mayor homenaje podía tener Raúl Anguiano?

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